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4 abr 2013

Astrid

Tantas batallas, tantas muertes. No puede quedar nadie. No hacemos prisioneros. ¿Y qué con las almas de mis enemigos caídos? Muy pocos hemos visto el rayo caer tras la batalla, tras él son escogidos los más feroces para servir a un ente superior. Los muertos suben a la montura alada de la valkyria para ir al otro círculo. La primera vez ataqué a una de ellas, pensé que era un enemigo. Y me venció sin piedad alguna, pero me dejó vivir, me miró a los ojos y me dijo que aun no era mi hora de acompañarla.

Esos ojos... esa rabia. Comprendí que no era más que una sirviente, como yo. Ese fue mi primer encuentro con ella. Allí me enamoré.

Entonces mi ansia por la sangre se acrecentó. Quise ser mejor. Y vencer a mejores enemigos, para que ella viniese a por ellos. Y al fin, un día... me dijo su nombre: Astrid.

(El despertar del lobo II)




http://sendaguerrero.blogspot.com.es/

20 mar 2013

Los lobos


Mi padre me contó que en cada corazón moran dos lobos, el de la ira y el de la compasión. Y que depende de cada cual decidir a qué lobo alimentar. El blasón de mi pueblo es un lobo, parece que ni eso podemos decidir, porque nos obligan a alimentar el lobo irascible que llevamos dentro. Nos llevan a la guerra. Servimos a un señor, a un rey... contra otro... y cuando le venzamos, iremos a por el siguiente. Nunca he conocido la paz desde que sé empuñar armas. El látigo es la recompensa a la clemencia o a la piedad...

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Yo, sin embargo, que no conozco otro nombre, porque me llaman Lobo, al igual que a mis hermanos de armas, igual que mi padre, y que el padre de mis hermanos... yo... sueño con algo más. Porque en mis sueños veo un río, un río helado, un paraje cubierto de nieve... y que guarda un secreto, un secreto que aun no puedo oír. Cuando me giro para ver de quién son los pasos de quien me sigue, despierto bruscamente.

Quizá aun no estoy preparado.

Quizá, algún día, me den un nombre, uno digno. Quizá no griten "que viene el lobo" al llegar a una aldea. Quizá encuentre la forma de hablar con mi perseguidor y darle sentido a este sueño.

Mientras tanto, guardaré el secreto de mi anhelo, porque el látigo no es una compañía agradable.

(El despertar del lobo I)


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