Hijo mío... mi sueño sigues siendo tú. Porque tenerte implicará haber encontrado la paz. La paz que anhelo reside en la espada que he forjado y las manos que la empuñan. Encontré alguien igual a mi; digna de llamarse mi amiga sin haber combatido antes a mi lado o bajo mi mando. Solo ella podría soportar el peso de una espada como la mía...
Al fin... me he dado cuenta; compartí el poder del cazador para que matase a la peor bestia que nunca podría derrotar yo solo; El demonio que vive en mi interior, ella lo ha vencido y doblegado. Ese fue su destino, para eso le entrené inconscientemente; para hacer lo que yo no sería capaz por mí mismo.
Solo un amigo de verdad, digno de confianza, alguien como ella... Nadie se atrevería a levantar un arma contra mi; excepto quien sabe que está a salvo.
(El legado del guerrero XVIII)
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